En el 50º aniversario del incendio de la Catedral EL DÍA EN EL QUE UN RAYO PUDO ACABAR CON LA PULCHRA

¡La catedral se quema! ¡Incendio en la catedral! En medio de la incredulidad y la preocupación, este grito unánime se fue extendiendo por la ciudad de León en la tarde noche del 29 de mayo de 1966. Un rayo de una potencia superior a la que el pararrayos del templo era capaz de recoger en esa tarde tormentosa de domingo, fue el culpable de que los peores presagios se apoderaran, no solo de los leoneses sino, como demostraron las horas posteriores, también de toda España. Una de las principales catedrales góticas del país estaba seriamente amenazada.

De esta forma comienza la periodista leonesa Silvia Gallo el reportaje difundido por la Agencia de Noticias ICAL el pasado mes de mayo para recordar el cincuenta aniversario del incendio que, en 1966, destruyó la antigua estructura de madera de los techos superiores de la Catedral. El texto apunta que “(…) alrededor de las 18:30h., un rayo de gran potencia cayó sobre la cubierta de la catedral leonesa, aunque las primeras señales de humo no se apreciaron hasta las 20:30h. (…)”. Y cita detalles del dramatismo vivido en la ciudad por el suceso “(…) cuando se oyó el crujido del derrumbamiento del tejado y el estruendo aterrador de la caída en el interior de la catedral de los ocho florones de madera que colgaban de las claves de los arcos (…)”.

Su autora asegura que el ministro de Información y Turismo de la época, Manuel Fraga Iribarne, trasladó la magnitud del suceso al entonces jefe del Estado, Francisco Franco, que a esas horas presidía en el madrileño estadio Santiago Bernabéu la celebración de la final de la llamada Copa del Generalísimo entre el Zaragoza y el Athletic de Bilbao —actual Copa del Rey de fútbol— y que posteriormente el propio Fraga viajó a León “con un cheque que le entregó al obispo en mano para sufragar la reforma de la catedral”, citando palabras del entonces capellán y ahora canónigo Doctoral Primo Lucio Panera, que fue testigo de aquellas circunstancias ya que era el secretario personal del obispo don Luis Almarcha.

El mismo sacerdote destaca también la reacción del canónigo ya fallecido Fidel Alonso Andrés, que en esos momentos celebraba la misa vespertina con gran afluencia de fieles al celebrarse la festividad de Pentecostés, “(…) ya que en todo momento pidió tranquilidad, retiró el Santísimo de la capilla de La Virgen del Camino y lo llevó a la sacristía cruzando toda la Catedral (…)”. En la Guía para visitar la Catedral de León, de Raimundo Rodríguez, su autor cita también a los canónigos Julio Gutiérrez Frade y al mismo Fidel Alonso como los responsables del rápido desalojo de los feligreses, y recuerda cómo “una cadena de seminaristas ponía a salvo el magnífico fondo documental del templo”.

También quedó constancia de lo ocurrido durante las dramáticas horas del incendio del 66 y sus consecuencias en el Boletín de la Diócesis de ese mes: “(…) a las 21:30 horas ardía toda la techumbre, desde el ábside hasta el hastial de la fachada principal, ofreciendo un aspecto desolador (…)”. Y por supuesto en la prensa local, como en la crónica firmada por Félix Pacho Reyero en la edición del 1 de junio del Diario de León, dando cuenta de la visita a la Pulchra del director general de Bellas Artes, Gratiniano Nieto, con motivo del comienzo de los trabajos de restauración.

Ciertamente, los primeros trabajos de limpieza y reposición de tejas apenas duraron una semana y permitieron que la Catedral volviera a abrir sus puertas al culto seis días después del incendio, “en un día cargado de emoción para los leoneses”, como recoge el texto de la Agencia ICAL con apuntes de vecinos de calles cercanas a la Catedral. Uno de ellos, el hijo de Laurentino Vega de Castro, que vivía con su familia en el número 2 de la calle Ancha, recuerda que su padre y el fotógrafo local Manuel Martín acompañaron a los bomberos hasta las escaleras interiores que conducen a los tejados de la Catedral, en un valiente gesto por el que recibieron una medalla de mérito por parte del Ayuntamiento.

Seoane, el “salvador” de la Pulchra

Sin duda, el gran protagonista del incendio del 66, “el salvador” de la Pulchra ese día, fue Andrés Seoane. Cantero Mayor, restaurador de la Catedral en aquellos años y autor de innumerables trabajos (del que, sin duda, destaca la copia de la Virgen Blanca que preside desde 1954 el parteluz central de la entrada principal del templo). El maestro Seoane tomó aquella tarde-noche una arriesgada decisión que sirvió para evitar que las bóvedas de piedra, y muy probablemente toda su estructura, se vinieran abajo.

Todos los expertos y cronistas recuerdan que la magnitud del suceso concentró en la Catedral a decenas de bomberos, tanto de León como de brigadas llegadas de ciudades vecinas. Pero, sorteando con dificultad el perímetro de seguridad y en contra de lo que pretendía el enorme dispositivo de emergencia, Seoane recomendó a los bomberos que no tiraran agua a los tejados del templo para sofocar las llamas, sino que dejaran que se extinguiera el fuego después de consumir las vigas de madera. Y así se hizo, con el visto bueno del entonces gobernador civil, Luis Ameijide,
evitando que el agua afectase a las frágiles bóvedas de la Catedral que ya conocía Seoane. La inteligente decisión del maestro cantero le fue recompensada meses después con la Encomienda de Alfonso X el Sabio (…)

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