El visitante debe descubrir el Museo Catedralicio-Diocesano sin prisas; con el alma y los ojos bien abiertos. Y entonces podrá ver más allá del innegable valor histórico y artístico de sus piezas. Reconocerá el bien cultural que justifica su existencia y descubrirá el lugar común que comparten las imágenes milenarias de piedra y madera policromada, con las fotografías y pinturas contemporáneas; el lenguaje universal de dos milenios de Arte y Devoción expuestos en un mismo espacio que, en 2017, celebró su primer centenario.

En 1981, gracias a la fusión del Museo Diocesano con el Catedralicio, se inaugura el actual Museo Catedralicio-Diocesano de León, que ofrece un recorrido por dieciséis salas que ocupan gran parte de las dependencias del claustro de la Pulchra. Pero el germen del actual museo comenzó a tomar forma en 1917, tras la restauración de Juan Torbado que rehabilitó y unió los lienzos del claustro (proyectado siglos atrás por Juan de Badajoz) y permitió entonces al canónigo Clodoaldo Velasco iniciar un primer proyecto museístico, que se inauguró quince años después en el espacio que ahora ocupa la actual Sala de Piedra.

Se acaba de cumplir el centenario de aquel primer Museo. Y el Cabildo lo ha conmemorado con distintas iniciativas, como la edición de un catálogo coordinado por el canónigo don Máximo Gómez, actual director del Museo Catedralicio-Diocesano, que va a ser a partir de ahora la obra de referencia sobre este Museo.

El primer paseo por el claustro

El paseo por los pasillos exteriores del claustro que conducen al inicio del recorrido expositivo justifica sobradamente el importe de la entrada con la que el Cabildo intenta sufragar la rehabilitación y conservación de la Catedral. Allí encontrará a la Virgen del Dado (protagonista de un reportaje específico en esta misma revista), presidiendo la recién rehabilitada fachada norte, que ahora da acceso a la capilla del Santísimo o de la Virgen del Camino, donde se ofrece el culto diario en la Catedral.

En una hornacina protegida por un cristal verá a la Virgen de la Consolación, “la Reina del claustro”. Y a derecha e izquierda las espectaculares esculturas de apóstoles y de otros personajes del Antiguo Testamento que –provisionalmente- se retiraron de la fachada principal y que servirán para hacer las réplicas que se pretenden colocar en el exterior del templo. Y una docena de sepulcros y lápidas mortuorias de arzobispos, canónigos e ilustres protagonistas de la Pulchra, como la del maestro Diego Copín que trabajó en la talla de la sillería del coro (S. XV), y la de Demetrio de los Ríos, que falleció en 1892 durante la “Gran Restauración” del S. XIX. Y las pinturas en los tímpanos de las arcadas interiores de maese Nicolás Francés y de otros grandes maestros de los siglos XV y XVI. Y hasta la veleta de una de las torres catedralicias o alguno de los remates de piedra que coronaban el templo y que fueron desmontados para aliviar el peso sobre las bóvedas.

Sólo con las obras de arte expuestas bajo las crujías del claustro se podrían hacer decenas y hasta centenares de obras enciclopédicas sobre la Historia del Arte, del Arte Religioso o del Medieval… Es un primer paseo por un auténtico universo de arte y de historia que conduce a las dependencias propias del Museo Catedralicio-Diocesano.