Diálogo entre Dios y el hombre

Además de por la evolución arquitectónica, escultórica o pictórica, la historia de León y la de su Catedral ha quedado reflejada en la tradición, los instrumentos y los fondos musicales que custodia el Archivo de la misma. En este reportaje hemos intentado resumir este enorme universo musicológico; desde el enigmático Antifonario Visigótico-Mozárabe del S.X (expuesto en el Museo Catedralicio-Diocesano), hasta el nuevo órgano o las composiciones contemporáneas de su Coro. Y, haciéndolo, hemos descubierto que hay un lenguaje común en la música de la Pulchra: el diálogo entre Dios y los hombres y mujeres que han inspirado, vivido y soñado esta bella catedral.

Las catedrales conservan tras sus muros riquezas artísticas de valor incomparable, que son una muestra del devenir de las épocas artísticas, de sus corrientes y estilos. Arquitectura, pintura, escultura y música son disciplinas que conservan importantes huellas de su evolución histórica en las naves, capillas y archivos de las principales iglesias diocesanas.

Tal y como señala don Samuel Rubio, canónigo organista de la Catedral de León, “las catedrales son auténticos tesoros musicales gracias al trabajo y dedicación de nuestros antepasados músicos, que fueron componiendo y conservando un patrimonio cultural que nos llena de orgullo”.

Monasterios, conventos e iglesias han sido protectores y propagadores de la tradición musical desde sus inicios. Desde la liturgia hispánica del siglo X y sus formas musicales, de la que encontramos en la Catedral de León la muestra más valiosa que se conserva, en su Antifonario Visigótico-Mozárabe, hasta los códices que documentan la implantación en España del canto gregoriano o romano-carolingio.

No debemos olvidar el florecimiento de la música vocal polifónica que, más allá de las cortes palaciegas, encuentra su verdadera fuerza en el seno de la Iglesia. Los músicos más importantes de los siglos XVI y XVII proceden del ámbito eclesiástico. La abundancia de iglesias y catedrales propició la presencia enriquecedora de las Capillas Musicales, así como el interés por contar en ellas con los mejores músicos, tanto compositores como intérpretes. Es una época de gran producción, sin más objetivo que convertir la música en un vehículo de comunicación entre Dios y los hombres. “Sus partituras se convierten en viejos y silenciosos maestros, cuya finalidad principal era la de alabar a Dios día y noche, con dignidad y el máximo esplendor posible”, señala el maestro Rubio.

Las Capillas catedralicias poseyeron los mejores músicos dependiendo de su poderío, hasta la desamortización de Mendizábal en 1883. No hay que olvidar que la Iglesia fue el motor de la cultura durante muchos siglos, ya que no existían otros focos de desarrollo cultural.

La Catedral de León conserva expresiones musicales en los soportes de su arquitectura, escultura, pintura, y por supuesto, en su archivo musical. Muestra de ello, por poner algún ejemplo, la encontramos en sus preciosas vidrieras, donde no es difícil identificar músicos tañendo sus instrumentos (como en la vidriera de la Cacería, donde aparece un músico tocando el laúd). En la escultura, un ejemplo curioso es el pequeño órgano esculpido en la fachada principal del templo. El mismo instrumento que aparece representado en las vidrieras norte de la Seo.

Pero más allá de las diferentes representaciones artísticas, debemos destacar en estas líneas algunas de las joyas propiamente musicales que atesora la catedral leonesa:

Antifonario Visigótico-Mozárabe

Uno de los documentos más importantes, para la Catedral y para la historia de la música española, es el Antifonario Visigótico-Mozárabe (ACL, cód. 8). Representa la liturgia hispana de la primera mitad del s.X y fue calificado por Dom Louis Brou, uno de los investigadores que más ha trabajado sobre él, como “la joya de los antifonarios latinos”.

El Antifonario es el libro que contiene todas las piezas que se cantan en la liturgia, no sólo las antífonas. A finales del s.XI, la tradición mozárabe se interrumpe bruscamente y solo perviven algunos vestigios del pasado.

Aunque se conservan numerosos y variados documentos del canto visigótico-mozárabe, el de León es el único manuscrito completo, conservado en la actualidad, de la liturgia hispánica. Contiene la música de todos los oficios, tanto de la Misa como del Oficio Divino propiamente dicho. Sin embargo, tal y como señala el citado Samuel Rubio, canónigo organista de la Catedral, no se han podido descifrar todavía sus neumas: “al faltar la clave y las líneas, se podría saber cuántas notas hay pero no cuáles”.

En el Antifonario de León se encuentran indicios de influencia andaluza. El original sobre el cual se escribió parece haber sido un códice escrito en Beja después de la invasión musulmana. Según los estudios realizados, tal y como señala Rubio, su copista principal parece ser un abad de nombre Todmundo, que bien podría identificarse con el obispo Teodemundo, que regía la diócesis de Salamanca en el año 960.

Está dedicado al abad Ikilano (o Ikila), según aparece reflejado en los versos en latín que se pueden leer en el primer folio (vuelto)

Al parecer, Ikila permanece en León a mediados del siglo X, en el monasterio de San Cipriano. Según Samuel Rubio, este abad deja al morir sus bienes al monasterio de Santiago, de la ciudad de León, entre ellos un Antifonario que “bien podría tratarse de nuestro códice”.

Una joya musical que para el canónigo organista de la catedral leonesa “se trata de una ‘música callada’ de más de un milenio, que quiere despertar de su sueño, incitándonos a no cejar en el empeño. Un pozo sin fondo, un ‘campo aperto’, un cruce de caminos, un antes y un después. Un auténtico privilegio para el mundo de la cultura y para la Catedral de León, que tiene el honor de albergar y conservar el testimonio más fiel del origen de la cultura occidental”.

Es una pieza única, ejemplo de que la música es lenguaje universal que une oriente con occidente. Es un documento hasta el momento “indescifrable, esperando que algún día alguien dé con la ‘clave’ y abra al mundo las puertas del gran santuario de la música hispana”, según Rubio. “Todo un libro-volcán humeante, que durante siglos hemos dado por muerto, pero que algún día explotará”.

Canto de la Sibila

Del Archivo catedralicio también debemos destacar por su importancia el conocido como Canto de la Sibila. El Códice 23 conserva la Prophetia Nathalis Domini et Versus Sibyllae. Se trata de una drama paralitúrgico que se escenificaba la noche de Navidad en diferentes catedrales españolas. En la de León, su representación fue recuperada en 2016, después de 450 años en silencio.

Este cántico estuvo muy extendido desde el siglo XVI en los territorios de la Península y de Baleares. Precisamente, la catedral de Mallorca es la única que ha conservado su interpretación, junto a la isla de Cerdeña, casi ininterrumpidamente hasta la actualidad. Sin embargo, se conservan documentos de la Sibila en muchas catedrales españolas, como Córdoba, Oviedo, Toledo o Valencia (en ésta su representación también se recuperó hace algunos años).

Según la tradición, los versos atribuidos a Eritrea, la sibila o profetisa, sobre el nacimiento de un Redentor que salvaría al mundo del juicio final, se conservaban en los libros sibilinos, recopilados a mediados del siglo II por el cristianismo para invitar a paganos a convertirse.

Entre los impulsores de su inclusión en la literatura cristiana se encuentra San Agustín. Los versos de la profecía se rezaban en los maitines de Navidad, en algunos monasterios e iglesias desde el siglo VIII. Sin embargo, su representación no se consolida hasta el siglo XV.

Según señala en el estudio publicado en 1947 por Raimundo Rodríguez, archivero que fue de la Catedral de León, no podemos afirmar cuándo comenzó la interpretación del canto de la Sibila en la Catedral de León, pero sí que a mediados del siglo XV ya formaba parte de las celebraciones navideñas.

La Sibila era interpretada por un niño del coro que hacía su entrada a la Catedral montado en un caballo blanco, vestido con una saya “de seda de color, la toca de plata, adornada con cintas nacaradas y tiras de oro cosidas sobre sedas de color blanco y carmesí”. La representación se llevaba a cabo con una esplendorosa puesta en escena, tanto en sus decorados como en las vestimentas de todos su participantes.

En el siglo XVII comienza a decaer su representación, de la que empiezan a desaparecer los testigos documentales de su ejecución. Finalmente, tras las directrices marcadas por el Concilio de Trento, fue desapareciendo la celebración de este tipo de escenificaciones.

Fue en 2016 cuando la Catedral leonesa volvió a acoger el Canto de la Sibila, para el disfrute y deleite de los fieles y ciudadanos, y tras el empeño y esfuerzo realizado por el canónigo Samuel Rubio, organista del templo, y del Coro que lleva su nombre.

Otros documentos

El archivo de música de la Catedral de León alberga otros muchos documentos de relevancia histórica y cultural. Un total de 120 códices-cantorales y 188 fragmentos, junto a 815 obras compuestas o adquiridas desde el siglo X hasta la actualidad.

No podemos terminar esta sección sin destacar los 83 cantorales de los siglos XV, XVI y XVII, dedicados al canto del Oficio y al Propio de la Misa, así como las partituras de grandes compositores de los siglos XVIII a XX.

Órgano Realejo
En cuanto a la música instrumental, la Catedral de León alberga en la Sala Barroca de su Museo un pequeño órgano, conocido como “realejo”. Es un órgano procesional que era transportado por cuatro personas por las capillas de la Catedral o por la calle durante las procesiones solemnes. Según estudios, podría ser original del siglo XVI, aunque su armazón está datado en 1739.
Se trata de un ejemplar único, cuya forma exterior recuerda a una armario policromado. Con un teclado de 42 teclas y octava corta, sus registros están a ambos lados y se sacan mediante unas correas. Tal y como señala Ángel de la Lama en su artículo sobre “Órganos portátiles y realejos”, publicado en 1981 en la Revista de Folklore, “el pedestal oculta dos pequeños fuelles de cuña que se entonan mediante unas cuerdas que sobresalen por un costado. A la altura de la cañutería interior hay dos puertecitas de acceso a ésta, que probablemente sirven también para dejar salir el sonido en toda su plenitud, requisito indispensable cuando se tañe en la calle al aire libre”.

Órgano Sinfónico

En el año 2013 se instaló en la Catedral de León el gran órgano sinfónico construido por la Organería alemana KLAIS, de 5 teclados y casi 5.000 tubos, uno de los grandes órganos de Europa, en la actualidad.