EL SUEÑO ETERNO EN LA PULCHRA

Los enterramientos en catedrales e iglesias eran habituales en la Edad Media. Y no sólo para altos dignatarios de la curia• —práctica que se sigue manteniendo cuando un obispo pide recibir sepultura en la sede catedralicia de la diócesis en la que se jubila—. En la Catedral de León, de hecho, reposan también los restos de arquitectos y canteros que levantaron sus muros, de reyes y secretarios que gobernaron sus tierras, o de nobles y plebeyos que, simplemente, vivieron y murieron en ella. Los sepulcros de la Pulchra son testigos de piedra de su historia y en ellos descansan muchos de sus protagonistas.

OBISPOS: Aunque la diócesis leonesa existe desde el año 254 y suma hasta la fecha más de 130 obispos, en la catedral sólo hay una docena de sarcófagos, sepulcros o lápidas de obispos medievales (san Pelayo, san  Alvito, san Froilán, don Manrique de Lara, don Martín Fernández, don Munio Álvarez, don Rodrigo, don Martín ”el Zamorano”, don Rodrigo de Vergara, don Juan del Campo, don Arnaldo, don Diego Ramírez de Guzmán, don Pedro Garcés y don Gonzalo Osorio), uno del S.XIX en la capilla de San Antonio (don Calisto Castrillo) dos del S.XX en las capillas del Carmen y la de San Andrés (don Luis Almarcha y don Carmelo Ballester), y otros dos en esta última estancia donde fueron enterrados los únicos obispos fallecidos en lo que llevamos de siglo (don Angel Belda y don Antonio Vilaplana).

CANÓNIGOS: La mayoría de los sacerdotes de la Catedral —los canónigos—, son enterrados desde hace años en el panteón que el Cabildo catedralicio tiene en el cementerio público de la ciudad. Pero a lo largo de la historia, como atestiguan sus paredes, muchos canónigos recibieron sepultura en la Pulchra. Entre otros destacan los sepulcros de Juan Martínez de Grajal, en la puerta de entrada al Museo, o el de Gonzalo Petri y el Maestro Facundo, en el interior de las dependencias de las Salas Barrocas del actual Museo. En el propio claustro podemos encontrar, entre otros, los sepulcros del deán Martín Fernández y el de los canónigos Munio Ponzardi, Domingo Juan, Adam Pérez, Diego de Robles, Nuño de Velasco, Juan Álvarez, Pedro García de Mixangos, Juan Rodríguez de Arévalo, Pedro Carrera o Juan García de Santillán.

CANTEROS, ESCULTORES Y ARQUITECTOS: En la fachada interior noreste del claustro, escondida ahora detrás de una de las esculturas retiradas de la fachada principal, hay una inscripción en una de las piedras que linda con los sillares del suelo que recuerda el lugar donde fue enterrado uno de los escultores del templo. Se trata de Diego Copín de Holanda, maestro flamenco del S.XV, que trabajó en la ejecución de la sillería del coro. En la misma fachada, aunque de forma mucho más visible, podemos encontrar una inscripción fechada en 1940 correspondiente a la lápida de Demetrio de los Ríos, fallecido en 1892 cuando llevaba a cabo la gran restauración de la Catedral a finales del XIX. Otros muchos canteros, carpinteros o escultores que participaron en los primeros años de construcción del templo, como era costumbre en la época medieval, podrían estar enterrados en su suelo sin señal o testimonio alguno de su paso y su trabajo en la Pulchra.

REYES Y NOBLES: El sepulcro más importante, desde el punto de vista histórico, es el que guarda los restos del rey Ordoño II, el “padre” de la Catedral, que falleció en el año 924. Pero hay otras muchas lápidas y sepulcros de personajes históricos y nobles en el templo. Algunos, como reconocimiento a su vida y su obra. Otros, simplemente, porque se erigían en bienhechores de la casa para tener un rincón privilegiado para su descanso eterno. La capilla de la Virgen Blanca, por ejemplo, guarda los restos del infante Alfonso de Valencia (hijo del infante Juan de Castilla “el de Tarifa” y nieto de Alfonso X el Sabio), y de la condesa Sancha Muñiz. Y en la capilla de San Andrés también encontramos los sepulcros de Rodrigo Alfonso de Mansilla (Adelantado Mayor de la tierra de León y Asturias), el de su mujer, María Velázquez, y el que años después hizo construir su nieto, Florián Mansilla.

En la capilla de Nuestra Señora del Dado también se conservan los sepulcros de Pérez Cavilán —un rico comerciante que donó su hacienda al Cabildo, fue nombrado canónigo honorario y murió en 1382—, y de Juan del Enzina junto a la inscripción: “…por ser el lugar que le vendió el Cabildo para su enterramiento”.

En la antigua capilla de San Nicolás, situada en el claustro, descansan desde 1677 los restos de su promotor, don Bernardino de Rebolledo. Y en el propio claustro encontramos desde sepulcros familiares como el de Juan de Pedrosa, sus padres, Rodrigo de Pedrosa y Juana Hernández, y su tío Alfonso de Villapero o el de Francisco de Carracenjas, su mujer Antonia Robles y sus hijos Antonio y Francisco de Carrancejas, y lápidas de damas de la nobleza como Aldonza Martínez, Velluda de Vermuger o doña Isabel de Sosa, en la que se lee “mujer que fue de Sancho Vázquez, pagador del Rey don Phelippe II en su Real Fábrica de armas de Guipúzcoa y Señorío de Vizcaya” (…)

 

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