La Catedral de León, la Pulchra leonina, surgió en la segunda mitad del siglo XIII, cuando el suelo de Europa se llenaba de agujas ojivales. Bellísima de proporciones, casi ingrávida, y ornada por vitrales esplendentes, bajo la advocación de Santa María de Regla, conforma una imagen simbólica de la Jerusalén Celeste que San Juan describe en el Apocalipsis. Este Palacio de la Virgen convirtió a León en una ciudad, primero, europeísta, y, luego, universal.

Sobre el solar de unas termas romanas, el rey Ordoño II tenía su aula regia, que donó, tras su victoria, en 916, sobre los árabes en la batalla de San Esteban de Gormaz, al obispo Frunimio II para la construcción de la primitiva catedral, de estilo mozárabe; la infanta Dª Urraca y su hermano Alfonso VI allí erigieron más tarde una catedral románica, de estructura de ladrillo, consagrada el 10 de noviembre de 1073, que acogió la investidura imperial de Alfonso VII, el 26 de mayo de 1135, solemnidad de Pentecostés; en el mismo suelo, el obispo Manrique de Lara, reinando Alfonso IX, último rey privativo de León, (1188-1230), cimentó una catedral tardorrománica, que ‘no la llevó a perfección’, según la Crónica Tudense, y otro obispo legionense, Martín Fernández, notario real, protegido de Alfonso X el Sabio, promovió después la construcción de la actual Catedral de León. Las obras comenzaron hacia 1255, con proyecto del maestro Simón Enrique. En 1288, poco antes de la muerte del prelado, cuyos restos reposan en un sepulcro afianzado en el muro occidental del crucero sur catedralicio, el templo ya estaba abierto al culto.

En la Catedral de León, el misal de sus vidrieras, parejo al de Chartres, muta la pesantez en ligereza. Sus rosetones glorifican el espíritu del cristianismo. Sus vitrales representan, en la parte inferior de la nave central, el mundo vegetal, en la intermedia o triforio, asuntos heráldicos, y en el claristorio, el universo celeste, con su carga de reyes, santos y profetas. Manifiestamente, estas vidrieras son, como se ha dicho, la cesta de flores que adornan la Catedral de León, primer monumento de España declarado Patrimonio Histórico Artístico mediante Real Orden de 28 de agosto de 1844.

Consagrada solemnemente en 1303, durante el episcopado de Gonzalo Osorio, la Catedral de León, la Pulchra leonina, atesora más cristal que piedra, más luz que cristal, más fe que luz,  y es el universo artístico más representativo del gótico español.

Máximo CAYÓN DIÉGUEZ

Cronista Oficial de la ciudad de León